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Zurab Pololikashvili: millones de puestos de trabajo en riesgo


Más apoyo y coordinación para una recuperación segura y sostenible del turismo.


El turismo es un importante motor de la economía mundial, representa el 7% del comercio internacional y, a escala global, genera directa o indirectamente uno de cada diez puestos de trabajo. La crisis de la COVID-19 ha devastado la economía turística, con efectos nunca vistos en el empleo y en las empresas. El turismo fue uno de los primeros sectores que se vieron gravemente afectados por las medidas de contención de la COVID-19 y, dado que las restricciones a los viajes continúan y la recesión mundial está al acecho, corre el riesgo de ser también uno de los que más tarde en recuperarse. Es preciso actuar de manera firme y coordinada para salvar los medios de vida de millones de personas.


En estos momentos, los pronósticos apuntan a que el turismo internacional caerá entre el 60% y el 80% en 2020 y las exportaciones se reducirán en una cifra que oscila entre 910.000 millones y 1,2 billones de dólares de los EE.UU., lo que significa que más de 100 millones de empleos directos del turismo están en riesgo. Aparte de este impacto directo, la economía turística se vincula también con otros muchos sectores, como son la construcción, la industria agroalimentaria, los servicios de distribución y el transporte, lo que exacerba el calado de la crisis. La COVID-19 ha revelado la importancia macroeconómica del turismo en la mayor parte de las economías de la OCDE y el G20. Numerosas empresas del sector están luchando por sobrevivir, y el efecto es desproporcionado en las mujeres, los jóvenes, las comunidades rurales, los pueblos indígenas y los trabajadores de la economía informal (grupos que tienen más posibilidades de estar empleados en microempresas o empresas pequeñas). Esta crisis está creando aún mayores dificultades a las economías de rentas bajas o en desarrollo, y a sus comunidades locales, que dependen de manera desproporcionada del turismo y afrontan, por lo tanto, un grave riesgo de empobrecerse todavía más.


La crisis actual ha sacado a la luz también las carencias en cuanto a preparación y capacidad de respuesta de las administraciones y las empresas. Es necesario adoptar urgentemente medidas políticas nacionales e internacionales e incrementar la coordinación en todos los sectores y fronteras para restablecer la confianza de los viajeros y del entorno empresarial, estimular la demanda y acelerar la recuperación del turismo.

Hacer de la crisis una oportunidad: por un sector más sostenible, inclusivo y resiliente


Esta crisis es una oportunidad para reconsiderar el desarrollo turístico. La recuperación debe conllevar la transformación del sector, la reinvención de los destinos y negocios turísticos, la reconstrucción del ecosistema turístico y el impulso a la innovación y la inversión en turismo sostenible.


En esencia, el turismo tiene que ver con experiencias que incluyen disfrutar de la gastronomía local, explorar paisajes autóctonos y visitar lugares de valor histórico, pero, sobre todo, tiene que ver con las personas, ya sean guías locales, operadores de establecimientos de alojamiento u otros proveedores de servicios que hacen especial el viaje o ayudan a las empresas a mantener su actividad y llegar a mercados internacionales. Por ello, nuestra respuesta colectiva ha de anteponer a las personas y cumplir la promesa de no dejar a nadie atrás. Esta crisis debería ser una oportunidad para garantizar una distribución más justa de los beneficios del turismo y avanzar por la transición hacia una economía turística neutra en carbono y más resiliente.


En vísperas de la reunión de ministros de Turismo del G20 este 7 de octubre bajo presidencia saudita, como líderes de la OCDE y de la OMT, instamos a que se actúe de manera firme y urgente en todos los frentes para sostener los medios de vida de millones de personas.


En primer lugar, para reactivar los viajes es fundamental contar con una cooperación multilateral reforzada y un apoyo firme. La colaboración y la coherencia de las regulaciones sobre viajes, a escala bilateral, regional e internacional, son elementos clave para que el turismo pueda reactivarse de manera segura, se acelere la recuperación económica y se abra una vía de esperanza a millones de personas. Eso significa, entre otras cosas, mejorar la seguridad de los viajeros y los trabajadores y facilitar que puedan cruzarse de manera segura las fronteras, además de crear destinos más resilientes. Es vital reforzar la cooperación global y ayudar a mitigar los efectos de la COVID-19 en los viajes y el turismo, así como ayudar a acelerar tanto la recuperación económica como la recuperación social. Poner de nuevo en funcionamiento el ecosistema turístico requerirá un enfoque coordinado e integral. Es su naturaleza transversal lo que ha convertido el turismo en pilar esencial de la Agenda de Desarrollo Sostenible y la razón por la que el turismo forma parte de la respuesta socioeconómica de las Naciones Unidas a la COVID-19.


En segundo lugar, los gobiernos deben enfocar la recuperación turística de una forma más integrada, contando con todas las instancias gubernamentales, el sector privado y la sociedad civil, a través de un plan práctico y viable para revitalizar el sector turístico. Los servicios turísticos son interdependientes. La naturaleza fragmentada y diversa del sector significa que descansa en políticas relativas a diferentes esferas, como la salud, el transporte, el medio ambiente, las relaciones exteriores y la economía. Todos los países deberían reforzar también sus mecanismos de coordinación para ayudar, a los trabajadores, a los destinos y a las empresas, especialmente a las más vulnerables, como las pymes, siendo la sostenibilidad el principio rector de la recuperación. Para conseguir una economía turística sostenible y resiliente, el sector privado debe también colaborar estrechamente en la formulación de las políticas. De ese modo, podrán abordarse retos que ya llevan tiempo con nosotros, como la gestión de los recursos y su uso eficiente, y se evitarán problemas existentes, tales como la masificación y la presión sobre la infraestructura local, el medio ambiente y la sociedad civil. Las políticas de recuperación deberían aspirar a acelerar la transformación digital y la transición hacia una futura economía de bajas emisiones de carbono.


En tercer lugar, necesitamos reconducir el turismo hacia la responsabilidad y la inclusión. El sector turístico puede tener un efecto ambiental y social importante, ya sea por sus emisiones de gases de efecto invernadero, su impacto en entornos naturales y culturales frágiles o sus repercusiones para las comunidades receptoras. La investigación llevada a cabo indica que las emisiones del turismo correspondientes a transporte representan el 8% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero. La pandemia ha revelado una oportunidad para experiencias más diversificadas, más “lentas”, más reducidas y auténticas. Tenemos que iniciar una reflexión colectiva sobre el futuro del turismo y sobre los sensibles vínculos que existen entre el turismo y el medio ambiente. Necesitamos más inversión en tecnología, infraestructura verde y empleos de valor añadido. Todo ello conducirá a un sector turístico más sostenible, inclusivo y resiliente.


Zurab Pololikashvili

Secretario General de la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas (OMT)


Ángel Gurría

Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)


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