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Montevideo, Uruguay

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Cordisburgo: una inmersión en el Gran Sertão de Rosa

Actualizado: 22 de jul de 2018


"Lo más importante y hermoso del mundo, es esto: que las personas no siempre son iguales, aún no han sido terminadas, pero que siempre van cambiando".... o mais importante e bonito, do mundo, é isto: que as pessoas não estão sempre iguais, ainda não foram terminadas - mas que elas vão sempre mudando.


por Sylvia Leite, Sergipe, Brasil *

El decir del personaje Riobaldo, en la novela "Grande Sertão: Veredas", parece reverberar en la pequeña Cordisburgo, ubicada a 120 km de Belo Horizonte. Los habitantes, las historias y hasta las impresiones que vamos construyendo del lugar se transforman a cada instante, bajo la influencia de la magia y de las ambigüedades del sertón.


Cordisburgo es la tierra natal de Guimarães Rosa ya pesar de haber pasado gran parte de su vida en otras paradas, su obra está presente en cada rincón de la ciudad. Las referencias están en las tiendas, banquitas de artesanía, restaurantes y se materializan en varios soportes: desde souvenirs para turistas hasta carteles que exhiben tramos de cuentos o novelas.


Algunas veces la mención está en el nombre del propio establecimiento. En el caso del restaurante Sarapalha, que además de ser bautizado con el título de un cuento del libro Sagarana, tiene decoración temática que incluye una escultura del escritor y cuadros con textos informativos sobre la obra.


El homenaje más expresivo tal vez sea la tienda de José Osvaldo dos Santos, conocido como Brasinha. El lugar ya fue una tienda de verdad, que vendía de todo, pero hoy es una especie de almacén tapado de cacarecos y ninguno de ellos está a la venta. Mezclados a los objetos, hay innumerables placas con frases de los personajes de Rosa.


La tienda de mentiras fue apropiadamente bautizada con el nombre "Ave Palabra" - título de un libro póstumo del escritor, que reúne varios tipos de textos y él mismo había definido como una miscelania. La vida cotidiana da vida al lugar contando la historia de cada pieza, relatando historias del lugar y citando fragmentos de las obras de Rosa. Al oírlo, tenemos la sensación de que caminando por la ciudad nos encontrar con los personajes de alguno de esos libros.


Desafortunadamente, allí no vive ninguno de ellos. Todos ya se han encantado, como decía el propio Rosa. Entonces la manera es encargar la conversación y conocerlos por los relatos de Brasinha y de otros contadores.


El comerciante Geraldo de Cunha Castro, por ejemplo, cuenta que conoció a Juca Bananeira y Manuelzão. El primero fue amigo de la infancia de Guimarães Rosa, y ganó ese apodo porque vino de Bananal, una aldea cerca de Curvelo. Ya Manuelzão, era de Don Silvério, y sólo conoció al escritor cuando regresó al sertón para hacer la investigación que fundamentaría al Gran Sertão.

Geraldo cuenta que, en esa época, Manuelzão trabajaba para un primo de Rosa, Chico Moreira, y fue uno de los compañeros del escritor en el famoso viaje, realizado en 1952, que le dio subsidios para escribir el Gran Sertão.

Antes de salir, Rosa habría pasado unos días en la hacienda donde Manuelzán vivía con la familia y uno de sus hijos, aún niño, se habría impresionado "con aquel hombre bobo que andaba con una cartilla colgada en el cuello anotando todo lo que veía".


Tanto Geraldo como Brasinha conocieron a todos los vaqueros que tocaron aquella boiada sin tener la menor idea de la dimensión histórica de lo que estaban viviendo. En el momento en que el viaje, el vaquero Zito ya viejo, le habría hecho la siguiente confesión: "Ese hombre, João Rosa, nos enseñó a ver la belleza de las cosas".

El viaje, por supuesto, rindió muchas historias, pero contar eso aquí ahora requeriría otros tantos posts. Y Cordisburgo tiene todavía muchos aspectos a ser explorados.


El Museo Casa de Rosa

La memoria fragmentada de las calles hace contrapunto con la dirección oficial de los recuerdos: el museo Casa de Guimarães Rosa, montado en la casa en que el escritor nació y pasó sus primeros nueve años. En él se concentran los pocos objetos que quedaron, como máquina de escribir, las corbatas mariposas y algunos muebles del almacén de secos y mojados de su Flouruardo Pinto Rosa, en medio de reconstituciones escenográficas.


El museo también guarda la memoria de las obras, con paneles que reproducen fragmentos de cuentos y romances y presentan portadas de las principales ediciones. Esto sin hablar en la estantería especial que reúne las ediciones más importantes de cada obra.


En la entrada de la casa, una sorpresa: quien nos guiará por las varias habitaciones del museo es una niña de apenas 10 años. El texto parece decorado, pero cuando empezamos a hacer preguntas, descubrimos que la joven guía sabe de lo que está hablando y responde todo sin parpadear. Al final de la visita, ofrece un regalo: la narración del episodio de la muerte del Dicho, en el cuento Campo General del libro Manuelzão y Miguilín.


Grupo Miguilin

Luana Mattana Rezende es sólo uno de los varios niños y adolescentes que hacen este trabajo voluntario en el Grupo Miguilin - bautizado así en alusión al personaje central del cuento Campo General, que algunos dicen ser autobiográfico. Para llegar a esa condición, ella cumplió algunos requisitos: tenía que estar en la escuela, tener buenas notas y tuvo que prepararse durante casi tres años.

El entrenamiento es hecho por las contadoras Dôra Guimarães y Elisa Almeida. Ellas heredaron la función de Calima Guimarães que, años atrás, recuperó el museo de un estado de total abandono y, con la ayuda de las dos, dio inicio al grupo.


El primer paso es explicar a los niños la obra a ser trabajada, porque, como recuerda a Dôra, "cuando usted no entiende lo que está hablando, las personas que oyen tampoco van a entender". Después vienen las lecturas, que se van repitiendo hasta que logran alcanzar una dramaticidad natural. "La narración sólo queda buena cuando ya está internalizada a punto de que usted no se preocupe más con el texto", aclara Dôra.

Las voces suaves y la discreta interpretación de esos niños nos ayudan a digerir con mayor facilidad obras festejadas por la originalidad y la riqueza de lenguaje, pero que causan una extrañeza capaz de dificultar la comprensión e incluso hacer que los buenos lectores las abandonen en las primeras páginas .

Con sus narraciones, los Miguilins van haciendo las personas internalizar el lenguaje y acostumbrarse a ella, de modo que la lectura, antes árida, se convierte en un viaje poético.


La obra máxima

En el caso de los hombres, el bien y el mal, Dios y el diablo, teniendo como hilo conductor una historia de amor, un amor que se muestra, como muchos saben, incorpora elementos de varias culturas y habla de cuestiones universales como el origen del hombre, el bien y el mal, Dios y el diablo. prohibido de principio a fin del libro aunque el supuesto motivo de la prohibición de hecho no existiera.

Riobaldo, un ex-jagunço que se convirtió en propietario de tierras, relata un período de su vida localizado entre la infancia y el momento en que abandonó esa experiencia paramilitar.


Toda la historia es cosida por su relación con un compañero "diferente", iniciada cuando aún eran niños: El niño me había dado la mano para bajar el barranco. Era una mano bonita, suave y caliente, ahora estaba vergonzoso, perturbado.

De aquella época hasta la edad adulta, Diadorin fue la razón de su alegría y de su sufrimiento, de su satisfacción y de sus dudas: Diador y yo, los dos. La gente daba paseos. Con eso, la gente se diferenciaba de los demás - porque el jagunço no es mucho de conversación continuada ni de amistades estrechas.

Hasta el día en que muerte trae la revelación: Que Diadorim era el cuerpo de una mujer, muchacha perfecta ... Estaré. El dolor no puede más que la sorpresa.

La historia es contada con acento sertanejo, ora existente, ahora inventado, pero todo dentro de la lógica del paisaje y del pueblo del lugar. Tanto que para los nativos de Cordisburso y de las ciudades vecinas, al menos para los que les gusta leer, nunca ha sido difícil llegar hasta la última página.

Para los que miran desde fuera, Grande Sertão: Veredas es un libro escrito en lenguaje original e innovador, que logra fusionar elementos de la primera fase del Modernismo - marcada por el experimentalismo lingüístico - y de la segunda fase, que trae a la superficie los temas regionalistas. Fue el único libro brasileño incluido en la lista de los 100 mejores de todos los tiempos elaborada por el Club del Libro de Noruega, que congrega a editores de aquel país. Es la obra principal de Rosa, pero no es la única. Y el pueblo de Cordisburgo lo sabe, tanto que las referencias esparcidas por la ciudad remiten a varias obras.


La trayectoria de Rosa


João Guimarães Rosa, como muchos escritores, tuvo más de una profesión. La escritura vino temprano, antes incluso de entrar a la universidad. Se formó médico en Belo Horizonte y comenzó a trabajar cerca de casa, en Itaguara, entonces municipio de Itaúna. Consta que fue allí donde él estableció contacto con los elementos del sertón que más tarde inspirar gran parte de su obra.

También como médico, trabajó también para la Fuerza Pública, actual la policía Militar, y vivió en otros dos municipios mineros: Pasa Quatro y Barbacena. Pocos años después fue aprobado en un concurso de Itamaraty, sirviendo como diplomático en Hamburgo, en Alemania, y luego en Bogotá y París. Como escritor, fue elegido para la Academia Brasileña de Letras y nominado al premio Nobel de Literatura.


Se cuenta que además de las investigaciones que hizo directamente, Rosa contó con la colaboración de diversas personas, a quienes pedía informaciones del sertão por medio de cartas y entre los colaboradores estaba su propio padre.

Rosa era un gran estudioso de lenguas. Hablaba unas seis o siete, leía en tres o cuatro y conocía la gramática de otras diez o once. "Tal vez por eso, haya inventado con tanta facilidad el lenguaje del" Gran Sertón: Veredas "y sentido tanta necesidad de variar:" Cuando escribo, repito lo que he vivido antes, y para estas dos vidas, un léxico sólo no es suficiente.


Calendario rosano

A causa de Rosa, la pequeña Cordisburgo tiene una constante actividad cultural. Además del museo, que se vuelve vivo por la actuación de los Miguilins, hay también los contadores adultos y el grupo de bordados, iniciado en la ciudad y esparcido por otros cantos como, por ejemplo, São Paulo.

Una vez al año, se celebra la Semana Roseana, con diversas actividades que incluyen talleres, conferencias, cursos, exposiciones, presentaciones y caminatas literarias. El encuentro se realiza hace 30 años y reúne a un público fiel, que se profundiza cada año en el estudio de la obra de Rosa, con ruedas de lectura, narraciones y saraus.

Y como aquí se sabe que las personas no están terminadas, acaba de ser anunciado el tumbado de una casa antigua, al lado del museo, para que artistas e investigadores puedan hacer residencia literaria y estudiar aún más la obra de Rosa. En esta nueva parte funcionará también la sed de los Miguilins, después de todo, en el sertón, lo que una persona puede hacer de su tiempo libre a no ser contar historias?

Cordisburgo - Minas Gerais - Brasil

*publicación original en el Blog de la autora en www.lugaresdememoria.com.br

traducción LD



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